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Recuperarse de una depresión

"Era Halloween cuando recibí los resultados finales. Estaba sentado en la consulta del médico y, mientras me explicaba todo el proceso, sentía como si mi vida se estuviera desmoronando a cámara lenta. No podía concebir mi vida de otra manera que no fuera esquiando".

"Nos llamábamos a nosotros mismos el equipo WIT o 'whatever it took' (lo que fuera necesario), pues esa era nuestra actitud".

Cuando me volví a reunir con Evan, acababa de regresar a casa tras participar en la carrera final de su temporada. Decidimos hacer una ruta por el monte que hay a las afueras de su ciudad. Es un hombre de sonrisa fácil y la velocidad de su paso aumenta de vez en cuando, en esos momentos en los que su mente divaga. Pero la verdad es que sus sueños quedaron destruidos por completo hace justamente tres años.

En su época de estudiante nunca había destacado realmente en los deportes, por lo que cuando conoció al entrenador provincial de biatlón de Saskatchewan, Doug Sylvester, no había esquiado a nivel competitivo nunca antes, ni tocado uno de los rifles de tiro que se utilizan en el biatlón e iba con una década de retraso con respecto a los otros competidores. Pero todo esto, junto con el hecho de saber que todo el mundo pensaba que iba a fracasar, no hizo otra cosa que impulsarlo a esforzarse mucho más, entrenar con más fuerza y exigirse más a sí mismo.

Cualquiera que quiera ganarse la vida en el mundo del deporte sabe que antes o después llegará un día en el que tendrá que buscarse una ocupación menos activa. Como Evan era consciente de esto, se decidió a cursar un Grado en Administración de Empresas. Como hijo de empresario, ya conocía una buena parte de los principios básicos. Gracias a esto, a que no le gustaba salir de fiesta como la mayoría de sus compañeros y a que estaba dispuesto a sacrificar una parte de su vida social, obtuvo unos buenos resultados y eso a pesar de que tuvo que saltarse algunas clases para entrenar. Fue la primera persona de su familia en conseguir un título universitario, por lo que se trataba de un logro muy importante.

En la primavera de 2013, Evan se convirtió en un miembro de los
Rocky Mountain Racers, un equipo con el que compitió durante la segunda mitad de sus años universitarios. Si bien muchos de los miembros del equipo estaban estudiando o no podían entrenar al mismo nivel que un atleta profesional, intentaban trabajar lo máximo posible. Como Evan indica, sus entrenamientos equivalían a un trabajo de media jornada o, lo que es lo mismo, de 600 a 800 horas al año (de 12 a 22 horas por semana).

"Nos llamábamos a nosotros mismos el equipo WIT o 'whatever it took' (lo que fuera necesario), pues esa era nuestra actitud. Si eso significaba trasladarnos al hemisferio sur para esquiar en verano, eso era lo que hacíamos. En resumidas cuentas, optábamos por hacer cualquier cosa que fuera mejor para entrenar y competir".

El momento en el que todo se derrumbó

A pesar de hacer obtenido el duodécimo puesto de un modo regular en las competiciones nacionales, el rendimiento de Evan no estaba al mismo nivel de su entrenamiento. Ante la frustración, buscó la ayuda de un profesional.

Al principio, Evan fue diagnosticado erróneamente de asma por el ejercicio, pero el inhalador no solo no consiguió ayudarlo, sino que agravó los síntomas. Tras perder el conocimiento por un momento durante una carrera, Evan se sometió a una nueva ronda de pruebas en las que fue diagnosticado de una disfunción respiratoria.

"Era Halloween cuando recibí los resultados finales. Estaba sentado en la consulta del médico y, mientras me explicaba todo el proceso, sentía como si mi vida se estuviera desmoronando a cámara lenta. Me sentía como "¿qué? No podía concebir mi vida de otra manera que no fuera esquiando; estaba implicado al 100%. Iba a acudir a las olimpiadas y competir profesionalmente durante los siguientes seis o diez años. Tenía objetivos como competir en campeonatos mundiales y participar en equipos de relevos y otros grandes eventos. Lo veía tan claro que no podía imaginarme haciendo ninguna otra cosa. Y ese fue el momento en el que todo dio un giro radical".

La disfunción respiratoria no es una enfermedad rara, pero circunstancias como un clima seco y el aire muy frío la agravan, y estas son las condiciones exactas que se necesitan para practicar el deporte que él amaba. Si hubiera continuado esquiando a nivel competitivo, eso provocaría que sus cartílagos crecieran y empezaran a ocluir sus vías respiratorias progresivamente hasta que le resultase imposible respirar. Evan pudo haber optado por eliminar voluntariamente una parte de sus cuerdas vocales, lo que significaría que tendría que aprender a hablar otra vez. Si bien se lo planteó seriamente, tras hablar con sus padres y entrenador decidió no someterse a esa cirugía. En su lugar se apartó del mundo al que había dedicado los últimos cuatro años de su vida.

Resulta irónico que cuando afrontamos una depresión, tendemos a apartarnos de la gente y evitamos socializar, que es justamente lo que más necesitamos.

Evan se sentía tan perdido e inseguro sobre a dónde ir que, según nos cuenta, pasó por algunos meses autodestructivos a continuación. Había días en los que no quería salir de la cama; dejó a un lado su habitualmente sana dieta y comenzó a comer hamburguesas del McDonald's y patatas. Si bien hubo un tiempo en el que las noches eran un sinónimo de descanso y recuperación para él, de repente se transformaron en juergas y borracheras interminables. Este tipo de vida era completamente diferente al que llevaba antes de su diagnóstico. Si Evan hubiera tenido una lesión que pudiera haber sanado con el tiempo, todo habría sido diferente. Cuando los atletas se lesionan, los doctores y entrenadores suelen esforzarse para hacer que estos miembros del equipo sigan sintiéndose integrados. Este sentido de pertenencia a una comunidad es tan importante como tomarse un descanso para restablecerse físicamente, pero para Evan no iba a haber recuperación, ni regreso al equipo. También se encontró con que como una buena parte de su círculo social estaba conectado con el mundo del esquí, también tendría renunciar a sus amigos, evitar el contacto durante esas Navidades e ignorar sus llamadas.

“Me vi sumido en un perpetuo estado de querer estar solo, sentir lástima por mí mismo y ahogarme en mis problemas mientras me sentía triste"

Resulta irónico que cuando afrontamos una depresión, tendemos a apartarnos de la gente y evitamos socializar, que es justamente lo que más necesitamos. Evitamos a las personas más cercanas, que son aquellas de las que necesitamos rodearnos más para ver las cosas con más claridad.

En el caso de Evan, lo más demoledor era que, si tan solo hubiera podido esquiar otra vez, el problema habría sido mínimo y regresaría pronto a la normalidad. Había formado su identidad a través de este deporte y sin él se sintió abandonado y con dudas sobre su valía. Esto podría parecer irracional desde fuera, pero el hecho de perder la carrera profesional suele ser más duro para un atleta profesional que para uno amateur. Como ocurre con la mayoría de las cosas, cuanto más tiempo y energía invertimos en algo —bien sea trabajo, relación o algo que nos ocupe todo el tiempo—, mayor será el impacto que suframos cuando nos lo arrebaten.

Como Evan no tenía la energía necesaria para iniciar una relación importante, pero aun así necesitaba sentir la proximidad de otro ser humano, comenzó a salir con una chica que no le gustaba realmente.

“Suena extraño, pero empecé a pasar todo el tiempo con ella, aún a pesar de que odiaba estar a su lado, y esto no es sano".

Como a Evan no le importaba realmente la relación, no tenía que esforzarse por sonreír o buscar temas de conversación interesantes. Dejó de preocuparse por la gente que tenía alrededor y empezó a tener una actitud malhumorada siempre que quería. Como era de esperar, la relación murió, pero su comportamiento destructivo continuó.

El retorno

"y es gracioso, porque me inscribí para hacer ese ironman y me desperté al día siguiente pensando: '¿pero de verdad he hecho eso?' y para asegurarme tuve que comprobar mi Visa y me di cuenta de que me había gastado 800 $ en una competición".

Cuando su mejor amigo se dio cuenta de la espiral autodestructiva en la que se encontraba Evan, decidió tomar un vuelo desde Winnipeg para pasar un tiempo con el atleta desanimado. Evan dice que no estaba de humor, pero aun así salieron juntos, leyeron libros y pasaron mucho tiempo hablando del futuro y de cómo querían crecer y progresar. Una de las noches de esa semana tuvieron una conversación que se transformó en una lista de las cosas que Evan aún quería hacer. Los chicos, que estaban un poco borrachos, pusieron la lista en la pared y empezaron a lanzar dardos sobre ella con el fin de que Evan se comprometiera a llevar a cabo la meta sobre la que cayera el dardo. Evan aún se ríe recordando aquella noche: "Me salió 'haz un ironman'", dice, "y es gracioso, porque me inscribí para hacer ese ironman y me desperté al día siguiente pensando: '¿pero de verdad he hecho eso?' y para asegurarme tuve que comprobar mi Visa y me di cuenta de que me había gastado 800 $ en una competición".

Como es lógico, no pudo prepararse en un día. Como Evan nunca había competido en triatlón antes, se encontraba en el mismo lugar que cuando empezó en el biatlón. Su primera vez en un triatlón importante no fue nada bien en absoluto, pero regresó de la experiencia listo para sumergirse de nuevo en los entrenamientos y con motivación para mejorar en su nuevo deporte.

Empezó a acostarse temprano para levantarse a tomar el tren, las mezclas de proteínas volvieron a su dieta y las cajas de pizza vacías desaparecieron de su habitación. El año siguiente llegó al podio en su país. Si bien el triatlón no era el deporte del que se había enamorado la primera vez, lograr un buen puesto en un campeonato mundial había sido siempre una de sus metas. Dice que todavía le gustaría ser el mejor del mundo en algo algún día, pero que por el momento se conformaba con seguir compitiendo.

A pesar de que Evan ya estaba preparado para vivir la vida tras su carrera como esquiador, le hizo falta un diagnóstico devastador, una temporada festiva sumido en la oscuridad y la depresión, y pasar un año lejos de la competición para darse cuenta de lo importante que era tener más de un interés en la vida. Si en el pasado solo era capaz de ver un futuro para él, la experiencia de perder por completo su eje hizo que cambiara su visión de túnel y ahora está mucho más abierto a explorar otras opciones. Además de los triatlones y los entrenamientos, le encanta salir al aire libre y ver qué es capaz de hacer. Va al campo con frecuencia, solo o con sus amigos, y disfruta de la perspectiva que le da el pasar el tiempo conectado con la naturaleza. Dice que esto le ayuda a darse cuenta de lo frágiles que somos los humanos y lo maravillosa que es la resiliencia que mostramos cuando tenemos que afrontar retos.

Si bien Evan dice que le gustaría creer que hubiera sido capaz de reconducir su vida otra vez solo, también opina que sin duda le hubiera llevado mucho más tiempo.

Su mejor amigo y él siguen en contacto todo el tiempo. Evan dice que solo han dejado de hablar unos pocos días. Sacan lo mejor el uno del otro y, si bien Evan dice que aunque le gustaría creer que hubiera sido capaz de reconducir su vida otra vez solo, piensa que sin duda le hubiera llevado mucho más tiempo.

"Le debo una buena parte de lo que soy a la gente que hay a mi alrededor, porque me empujan a sacar lo mejor de mí mismo".

Aparte de mantener una buena red de apoyos, le pregunté qué consejo le daría a aquellas personas que estén pasando un periodo autodestructivo similar.

"Fue casi como una ruptura. Estaba tan comprometido con mi vida de esquiador que cuando eso cambió sentí como si ya no tuviera futuro porque todo lo que me había imaginado había desaparecido y eso era muy difícil de afrontar. Para mí el gran reto es intentar imaginar un futuro más allá de cualquier cosa que estés haciendo. En mi caso lo conseguí al escribir una lista con las metas que deseaba alcanzar".

Cuando regresábamos de la caminata, le pregunté a Evan por su lista; sentía curiosidad por saber qué otras cosas podía haber seleccionado el dardo. Una era de hacer una ruta de veinticuatro horas consecutivas en bicicleta; otra, pasar una semana en silencio. Evan ya ha cumplido ambas metas. En la actualidad se está dejando crecer el pelo para donarlo a pacientes de cáncer, pues la reciente muerte de su abuelo ha hecho que se solidarice con esta causa.

Al igual que Evan, su lista de metas ha avanzado mucho y sigue en constante crecimiento y evolución. Desde a hacer paravelismo en Acapulco, hasta navegar alrededor del mundo, no tengo dudas de que la lista aparecerá llena de marcas de verificación algún día.

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